Se postuló en broma y ganó: la historia del diputado que proponía el amor libre, acortar las sotanas de los curas y eliminar las esquinas

En 1921 Enrique Badessich -extravagante poeta, «un tiro al aire» y bohemio- fue electo diputado provincial por Córdoba por el Partido Bromo Sódico Independiente, algo que había comenzado como un chiste y que dejó al descubierto el descreimiento popular hacia la clase política.

Por Adrián Pignatelli.

Enrique Badessich era un bohemio, un poeta, un extravagante. Había nacido en Tucumán, pero pasó su infancia y juventud en Córdoba (Caras y Caretas)
Enrique Badessich era un bohemio, un poeta, un extravagante. Había nacido en Tucumán, pero pasó su infancia y juventud en Córdoba (Caras y Caretas)

Para unos era «un tiro al aire», para otros un bohemio, aunque hubo quienes lo miraban con el recelo típico del que está frente a un simple avivado, un oportunista que busca notoriedad. De todas formas, el tucumano Enrique Badessich –un ex telegrafista del Ejército y empleado en un puñado de trabajos efímeros-, en las elecciones cordobesas de 1921, logró ser electo diputado provincial por el Partido Bromo Sódico Independiente, que ofrecía al electorado una insólita plataforma electoral.

Esta es la historia de una broma que terminó en algo muy serio.

Sospechas de fraude

En 1921, en Córdoba se realizarían las elecciones a gobernador para el período 1922-1925. El partido fuerte, el Demócrata, llevaba a Julio Argentino Roca (h) como candidato, quien vio su camino allanado cuando la Unión Cívica Radical, el principal opositor, junto a otras agrupaciones habían rechazado participar de los comicios en protesta a la ley 2825. Dictada por el entonces gobernador Rafael Núñez, esta norma adoptaba el sistema de distrito interdepartamental para la elección de gobernador, ignorando el artículo 103 de la Constitución que disponía hacerla por distritos departamentales.

Este cambio en el mecanismo de representación tendría injerencia directa en la composición de la Cámara de Diputados provincial. Los radicales rápidamente olieron posibles maniobras de fraude y decidieron no presentarse.

Sin embargo, algunos sí participaron de la contienda electoral. Fue así como apareció en escena un candidato que escaparía a todos los cánones de la época: Enrique Badessich.

Este «loco lindo», como algunos de sus parientes lejanos lo definieron ante Infobae, había nacido en Tucumán el 14 de enero de 1896. El apellido es de origen croata y sus antepasados hay que rastrearlos hasta la isla de Losinj, ubicada a norte del Mar Adriático, en el golfo de Carnaro. El padre era austríaco, cuando esas tierras aún eran dominio del imperio austro-húngaro.

Tenía 26 años cuando, como una broma, estudiantes y algunos profesores de la Facultad de Medicina de Córdoba lanzaron para las elecciones de 1921, el partido Bromo Sódico Independiente, y no tuvieron mejor idea que postular a Badessich como candidato a diputado provincial (Caras y Caretas)
Tenía 26 años cuando, como una broma, estudiantes y algunos profesores de la Facultad de Medicina de Córdoba lanzaron para las elecciones de 1921, el partido Bromo Sódico Independiente, y no tuvieron mejor idea que postular a Badessich como candidato a diputado provincial (Caras y Caretas)

Cuando aún era un niño, toda la familia se radicaría en Córdoba, debido a problemas de salud del joven Enrique. Luego de un largo batallar por convencer a sus padres, entró en el Ejército, y fue asignado a la Compañía de Telegrafistas. Posteriormente, renunció y se alistó en la Armada. «He sido telegrafista sin hilos en las islas Orcadas durante tres años, y lo he sido en la estación de Formosa. ¿Quién ha abarcado mejor que yo la Argentina?», se preguntó ante el periodista de la revista Caras y Caretas.

Badessich era un excéntrico, pertenecía a una familia de artistas e intelectuales en la que se había ganado el mote de «rebelde número 1». Así lo aseguraron a Infobaeparientes lejanos que escasas referencias conservan de él.

Sus ideas iban a contramano de los usos y costumbres de la sociedad de comienzos del Siglo 20. Ya había comenzado a escandalizar con su obra «Las pretensiones amorosas», que lo convertía en una suerte de adalid del amor libre.

Luego de su paso por la Armada, regresó a Córdoba, donde se ganó la vida como pudo, alternando trabajos en una librería y en bares, a la par que frecuentaba distintos círculos bohemios locales, donde se destacaba por sus desopilantes discursos.

Tenía 26 años cuando, como una broma, estudiantes y algunos profesores de la Facultad de Medicina de Córdoba, junto a algunos intelectuales -como fue el caso de José Ingenieros y en menor medida de Deodoro Roca- lanzaron para las elecciones de 1921, el partido Bromo Sódico Independiente, y no tuvieron mejor idea que postular a un viejo conocido, Badessich como candidato a diputado provincial.

«Electrocutar aguas y suprimir las esquinas»

La inspiración de Badessich se reflejaba en los contenidos de su plataforma electoral. Más allá de promover el amor libre, bregaba por la separación de la Iglesia del Estado y por la supresión del Ejército, al que consideraba anacrónico y antisocial.

El candidato sostenía que, de ser electo, iba a «electrocutar las aguas» de consumo para eliminar los gérmenes del tifus. Proponía acortar las sotanas de los sacerdotes y con el sobrante de la tela confeccionar ropa para los niños humildes. Y abogaba por la supresión de las esquinas, a fin de evitar los accidentes de tránsito. Además, adelantó que presentaría un proyecto para fundar la República Cordobesa, independiente de la Argentina.

 Propugnaré el amor libre, la separación de la Iglesia del Estado, la supresión del ejército por antisocial y anacrónico, el acortamiento de los hábitos sacerdotales para, con la tela economizada, hacer ropa para los chicos pobres

Como el partido Bromo Sódico no disponía de presupuesto publicitario, su campaña electoral se tradujo en cerca de 300 actos públicos. Fue imposible que pasase desapercibido: aparecía vestido con un traje de papel, botones de vidrio, corbata voladora y un sombrero de enormes alas. En un intento por demostrar que el hábito no hacía al monje, decía que «un hombre fuerte debe ignorar el ridículo».

El periodismo de aquella época contaba que «Badessich hizo campaña de varios meses seria y eficaz. Si no pegó carteles, dio 300 conferencias en cambio, lo que era sin duda más económico y más elocuente que el papel impreso».

«Era como un anticristo barato, un liberal pasado de moda, o un inquisidor nacido demasiado tarde», lo describían en Caras y Caretas.

La sorpresa

Debido a la abstención del radicalismo y de otros partidos, sólo el 17,59% del padrón votó, de los cuales el 16% lo hizo por los conservadores. Y para sorpresa de muchos, Badessich se impuso por 716 votos contra los 694 del católico Manuel Maciel. Y resultó electo como diputado por la minoría.

La pregunta que se hizo la clase política fue: «¿Qué hacemos con este loco? ¿Debía ocupar la banca?»

Badessich se había atrincherado en la legislatura provincial a la espera de los resultados, ya que las fuerzas del orden lo esperaban en la puerta para detenerlo. «Tuve que comer ahí lo que me alcanzaron mis amigos: salame, pan, queso. Y una vez electo, poseyendo inmunidad parlamentaria, no dudé en echarme por la ciudad, y en ir a un restaurante por un menú mejor».

«Si eso es decoro, yo carezco de decoro»

De todas maneras, su diploma fue rechazado. En junio de 1922, se defendía ante un periodista. «Mi elección es pura. Mi campaña electoral no adolece de ningún vicio. He dado 300 conferencias. ¿Para qué más engrudo y para qué más programas? La cámara anula la elección por ‘decoro’ ¿En la levita del electo, en las artimañas electorales que la preceden, en la acción histórica del nepotismo, en la tontera absoluta y religiosa? Si eso es el decoro, yo carezco de decoro. Ninguna de esas taras es la mía. Sólo mi franqueza me ha sido perjudicial. Tal vez me haya hecho mal mi desaliño, tal vez mi inteligencia».

Hubo diarios, como La Voz del Interior, que lo defendió; Crítica publicaría una suerte de memorias de este personaje, mientras que otros, como La Nación, no lo tratarían muy bien.

«Mi comité era el calabozo, cuando no estaba preso la policía me andaba buscando para arrestarme», se lamentaba.

En la córdoba d ela Reforma Universitaria surgió un personaje desopilante que planteaba utopías anarquistas: Enrique Badessich, el diputado Bromosódico.
En la córdoba d ela Reforma Universitaria surgió un personaje desopilante que planteaba utopías anarquistas: Enrique Badessich, el diputado Bromosódico.

A instancias de los mismos estudiantes que habían promovido su candidatura, viajó a la ciudad de Buenos Aires con el propósito de entrevistarse con el presidente Hipólito Yrigoyen, al que tenía pensado solicitarle la intervención de Córdoba para que hiciese respetar el resultado de las elecciones. No tuvo suerte. Fue recibido, sólo por curiosidad, por el ministro del Interior, que poca atención le prestó. De nada valió el acto que armó en Corrientes y Pellegrini, en protesta por su situación.

La legislatura provincial terminó por rechazarle el diploma por incapacidad y por falta de decoro. Y así terminó su experiencia electoral.

Se fue a vivir a Santa Fe donde, seguramente para provocar en una provincia antiyrigoyenista, hizo campaña por el viejo líder radical. Y hasta llegó a alentar, dos años después, el asesinato del general golpista José Félix Uriburu, lo que le valió algunos días de cárcel. Sin embargo, no sería su última aparición pública.

Libertar a Perón

Se le perdió el rastro hasta el 15 de octubre de 1945 cuando presentó un hábeas corpus en favor del coronel Juan Domingo Perón, detenido en la isla Martín García, en los prolegómenos de su consagración política.

El diario Crítica titulaba: «El antiguo líder del Partido Bromo Sódico Independiente pidió la libertad de Perón».

Sin saberlo, se había adelantado a la maniobra que Eva Duarte estaba armando con sus abogados. Algunos sostuvieron que dicha presentación legal fue promovida por opositores a Perón. De todas formas, el juez Horacio Fox rechazó su pedido. Los peronistas, aliviados, aplaudieron la medida, ya que consideraban que hubiese sido un descrédito, conociendo la fama de Badessich.

Nunca lo dejaron asumir su banca. Badessich murió solo en Béccar, provincia de Buenos Aires. Tenía 65 años (Caras y Caretas)
Nunca lo dejaron asumir su banca. Badessich murió solo en Béccar, provincia de Buenos Aires. Tenía 65 años (Caras y Caretas)

Moriría en la localidad de Béccar, solo, el 8 de agosto de 1961, a los 65 años. El cronista de Caras y Caretas que lo había entrevistado en los años veinte concluyó que «su locura es manifiesta como que es un actitud humana, inocente y natural. Dentro de una ciudad debe inquietar. En una cámara, adquiriría el aspecto terrorífico de una bomba«.

Algo que, evidentemente, iba demasiado a contramano de las rígidas convenciones sociales en las que se escudaron aquellos que entendían a la democracia según sus propios intereses. Y los alertaron que una broma puede transformarse en algo demasiado serio.

Fuente: Infobae

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