La tía de Sheila negó saber qué pasó con la menor y se despegó del crimen

Dio a luz y le quitaron la tenencia de sus cuatro hijos. Luego la mujer declaró en el hospital y dijo que no estuvo en casa esa tarde.


Leonela Ayala (25), tía de Sheila, declaró este sábado ante el fiscal Gustavo Carracedo, quien la visitó en el hospital donde la mujer dio a luz a su cuarto hijo.  Allí la madrina de la niña de 10 años asesinada aseguró que no estuvo en su casa el domingo a la tarde, momento en el que la nena fue vista por última vez.

Tras dar a luz a su cuarto hijo, las autoridades les quitaron la tenencia de sus cuatro hijos: dos nenas de 9 y 7 años y dos varones, de 16 meses y el recién nacido.

La mujer aseguró que salió de su casa entre las 12 y las 18 de su casa acompañada de sus hijos. Y de confirmarse la vercidad de esta nueva declaración, su marido y tio de Sheila, Fabián Esequiel González Rojas (24), quien fue acusado de asesinato, estaría aún más complicado.

El fiscal Carracedo acudirá a testigos para confirmar las última versión de Ayala y se utilizarán datos de antenas de celulares que acrediten en qué zona estuvo la tarde del asesinato.

Fuentes cercanas al expediente señalaron que en un contexto de abuso “es común que los hechos ocurran cuando el agresor queda solo en la casa”.

Sin embargo, como el cuerpo de la menor estuvo varios días escondidos en el hueco de una pared lindante, de comprobarse la veracidad de las declaraciones de la tía de Sheila entonces habría incurrido en el delito de “encubrimiento agravado”, recibiendo así una pena sustancialmente menor.

Sheila fue asesinada “estrangulada con un lazo” y en principio sin signos de violación, según el informe preliminar de la autopcia. Pero los peritos de la Policía Científica le practicaron tres hisopados para saber si quedaron rastros de ADN de los atacantes en su cuerpo. Esos resultados se conocerán en los próximos días.

Por su parte, González Rojas se negó a declarar y el investigador le imputó el homicidio doblemente agravado por el vínculo y por alevosía.

Fuente: Los Andes

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