El director Bryan Singer ha combinado en sus películas buenas y malas producciones. Entre las primeras podemos mencionar títulos fundamentales como Los sospechosos de siempre y Operación Valquiria. Sin embargo, Bohemian Rhapsody, su último biopic detrás de cámaras, se posiciona por encima de otros filmes. La historia de Freddie Mercury y de la agrupación Queen resulta atrapante, hipnótica, emocionante. Una obra maestra plagada de buenos momentos, canciones clásicas y personajes memorables.

La trama repasa los inicios de la banda, sus primeros shows, sus grabaciones osadas y experimentales, la relación de camaradería entre ellos, el éxito, la popularidad y también las peleas internas. El centro del relato enmarca a Mercury como el alma de la agrupación. Así, somos testigos de su vida familiar, su romance/amistad con Mary (su musa inspiradora) su experimentación sexual, los excesos, las caídas y redenciones.

Hay una lograda reconstrucción de época, la movida londinense de los setenta genera una atmósfera repleta de colores, luces y ambientes lisérgicos. Los decorados y vestuarios van mutando a medida que avanza la trama y los años, y la banda va encontrando nuevos estilos.

El elenco hace un trabajo notable. Obviamente Rami Malek como Freddie se luce por sobre el resto logrando los gestos, movimientos y recreando el espíritu del cantante sin caer nunca en la imitación. El actor no canta, ya que sería una blasfemia suplantar la voz del líder de la banda. Apenas arranca el filme resulta raro oír la voz original saliendo de los labios del intérprete, pero luego se torna natural y no molesta. Malek se aleja del karaoke, viviendo cada tema musical en cuerpo y alma.

Por su parte, Gwilym Lee es un clon de Brian May, se mueve y ejecuta la guitarra como el músico de enrulada cabellera. Los demás intérpretes, Joe Mazzello y Ben Hardy, también lo hacen bien. Un párrafo aparte merece Mike Myers, en un rol que resulta un guiño a aquella mítica escena de El Mundo según Wayne en la que sonaba “Rapsodia Bohemia”.

El director recrea casi por completo el “Live Aid”, un recital fundamental en la carrera de Queen, 20 minutos de metraje que son puro deleite y que funciona como un viaje en el tiempo al Estadio Wembley en los 80.

El filme es un ejercicio fílmico nostálgico y emocionante que los fans de la banda disfrutaran de principio a fin. Un respetuoso homenaje a un ícono, un emocional recorrido por las canciones que han marcado la vida de varias generaciones.

Bohemian Rhapsody, al igual que la canción así titulada, toca las fibras más íntimas de los espectadores. Vale llorar durante varias secuencias del filme. “Dios salve a la Reina”.

Fuente: Infobae