Argentinos: Entre un presidente alienado y el Cuco

Para casi todos, los resultados de las elecciones dominicales fueron un susto/sorpresa/alegría, según la vereda/avenida del medio desde la cual se los viera. Pero sin duda alguna, el mayor susto/sorpresa se lo llevó el oficialismo y caló en el presidente como en ningún otro.

Fue notorio el rostro desencajado de los protagonistas del «Cambio», que si bien sabían que los números no les serían favorables, no esperaban ser casi noqueados en el primer round.

Suponemos que los pases de factura y los arrepentimientos deben estar a la orden del día: «Que debería haber jugado Vidal», «Que debería Bs. As haber desdoblado», «Que ésto», «Que lo otro».

Pero nadie más afectado que el propio Macri, quien con mirada perdida, trataba de buscar respuestas donde no existían y excusas de lo más inverosímiles, como culpar de los resultados de las elecciones y la posterior corrida de tasas, precio del dólar, etc. a los vencedores de los comicios del día 11, exceptuándose el mismo de ser parte del sismo.

Los mercados siempre reaccionan a situaciones de incertidumbre como las que nuestro país genera con frecuencia inusitada y aterradora. Así como vivió reaccionando, y no muy positivamente, durante los algo más de tres años de mandato del gobierno del «cambio».

Macri directamente culpa al kirchnerismo de los resultados económicos del lunes posterior a los comicios, niega una culpa propia de los mismos e indirectamente carga tintas sobre el votante argentino por «no saber votar». Pareciera que en estos años de gobierno ellos no han sido causantes de ninguno de los errores garrafales cometidos en la gestión económica de nuestro país. Pues, debería el ingeniero Macri mirar alguna vez sobre su hombro y darse cuenta que ese casi veinte por ciento de votos perdidos del 2015, fueron de una clase media harta ya de solventar errores de criterio y seguir siendo los aportantes obligados para pagar un asistencialismo que nunca dejó de existir; de la pérdida incesante de puestos de trabajos y de un encarecimiento impositivo y de costo de vida que ha llevado los índices de pobreza a valores de espanto.

Macri, aún convencido en su destino mesiánico, considera abiertamente que la gente «se pierde» la oportunidad única de que él como presidente, nos saque del pozo heredado y que él mismo ahondó diariamente. «Déjenme llegar a octubre que la gente va a entender que este es el camino», es justamente el argumento del presidente; sin entender que, en el 2015 recibió un cheque en blanco de esperanza que malgastó en forma contundente y sin criterio alguno.

Pareciera no entender que la legitimidad de su gobierno se ha desvanecido al punto de poner en la columna de pérdidas a aquellos que podrían haber sido el salvavidas necesario para poder generar la continuidad necesaria. Su nula visión política y su soberbia, no le permitió generar alianzas electorales que le pudieran crear al menos una gobernabilidad pre y post electoral.

De aquí a octubre y, en las figuras de Mauricio y Alberto, los argentinos seremos testigos de vivir la pesadilla de tener un presidente alienado y negador, volcado a una campaña casi imposible de lograr resultados, y un candidato pre electo que es, guste o no, quién brindaría la gobernabilidad deseada y necesaria para llegar a un octubre que defina finalmente nuestro futuro inmediato, el Cuco.

Aún queda mucho en juego si el oficialismo pretende no desaparecer del escenario político argentino, cientos de intendencias en juego, numerosas bancas legislativas y la oportunidad única de mantener al menos un ejecutivo importante en la ciudad de Buenos Aires. Lo que al menos dejaría a los gestores del Cambio, en la línea de largada de 2015 al son de «Volver a empezar» de Alejandro Lerner.

Estos meses por venir definirán muchas cosas, todas a costo de nosotros los ciudadanos, pero sobre todo, definirán los resultados de octubre, ya que si la soberbia presidencial no acerca criterios con la oposición, que se hace fuerte, en busca de la gobernabilidad para el desarrollo de cualquier política necesaria, ergo, lo que nos queda por vivir hasta octubre, puede convertirse en una tragedia griega de míticas proporciones.

Lamentablemente, también sabemos que el peronismo, en cualquiera de sus versiones, no es exactamente un espacio partidario de criterio democrático y amante de las transiciones lógicas y pacíficas..

Ellos, los Cucos, son los dueños del drama de la «Plaza» llena, del agitado, emocional y delirante discurso de horas, de la destrucción de todo aquello que se interponga a sus ambiciones de poder, enajenados dueños de la «verdad» y de nuestros deseos, los eternos lobos disfrazados de corderos electorales, esos mismos que en la sabiduría maquiavélica de su fundador partidario, formaron un movimiento pendular que puede ir de la extrema derecha a una izquierda devota del descriterio y del asistencialismo chantajista.

Entre medio de estos dos monstruos, estamos nosotros.

Jehová, Alá, Buda, Madre Natura, o quien sea, nos salve.

José Luis Bonomi

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